
Los silencios siempre han sido un gran refugio. Suelo refugiarme en ellos cuando no sé algo, cuando no me interesa, cuando tengo tanto qué decir que no sé qué decir, cuando observo, cuando algo es fascinante, cuando las lágrimas quieren salir, casi siempre.
Hoy este silencio es mi peor condena. Hoy, como pocas veces, quiero gritar, gritar tan fuerte hasta sentir que mi voz llega muy lejos, hacia allá donde miro mientras me quedo en silencio. Quiero desatar el nudo en mi garganta y deshacerme en llanto, y sin embargo no puedo hacerlo.
Hoy quiero salir de aquí, de este refugio que ya no quiero, hoy preferiría refugiarme en ti, en tus palabras que siempre son la mejor canción, sentir tu aroma, ese que tiene la virtud de hacerme olvidar las penas. No se puede, lo sé, por eso sigo aquí con esta tristeza que es a cada momento más angustia, y es que no puedo hacer más, allá afuera hay un lugar que no conozco, hace frío y está oscuro, no sé si deba, no sé si pueda. Tengo miedo..
.. y tú tan lejos.