martes, 15 de marzo de 2011

Como atrapada



Los silencios siempre han sido un gran refugio. Suelo refugiarme en ellos cuando no sé algo, cuando no me interesa, cuando tengo tanto qué decir que no sé qué decir, cuando observo, cuando algo es fascinante, cuando las lágrimas quieren salir, casi siempre.

Hoy este silencio es mi peor condena. Hoy, como pocas veces, quiero gritar, gritar tan fuerte hasta sentir que mi voz llega muy lejos, hacia allá donde miro mientras me quedo en silencio. Quiero desatar el nudo en mi garganta y deshacerme en llanto, y sin embargo no puedo hacerlo.

Hoy quiero salir de aquí, de este refugio que ya no quiero, hoy preferiría refugiarme en ti, en tus palabras que siempre son la mejor canción, sentir tu aroma, ese que tiene la virtud de hacerme olvidar las penas. No se puede, lo sé, por eso sigo aquí con esta tristeza que es a cada momento más angustia, y es que no puedo hacer más, allá afuera hay un lugar que no conozco, hace frío y está oscuro, no sé si deba, no sé si pueda. Tengo miedo..

.. y tú tan lejos.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

De príncipes y princesas.


Piensa que lo encontró. Ese que sólo existía en los cuentos que le leían de pequeña, ese que se vestía de azul.
Su corazón late muy fuerte hoy, está más rojo que nunca antes.
Ella dice que se enamoró.

Él piensa que por ella vale la pena luchar con dragones, escalar hasta la torre más alta.
Él quiere, dice que no tiene miedo, pero no es cierto. Teme que ella no se despierte.


...Ese amor que nunca se escuchó.
...Ese que pudo y que no fue.


No se puede vivir con miedo por siempre.

lunes, 4 de octubre de 2010

En el lugar de siempre...

Sus manos sobre mi cuerpo me daban una calidez inimaginable.
Sus brazos envolviéndome, incomparable tranquilidad.
Sus labios... cómo no recordarlos si cada beso era la vida!
Esas palabras que me hacían sonreír como nadie lo hizo jamás.
Él, que me dio tanto amor...

Quiero que sepas que aún te espero. Que aunque a veces soy extraña, que aunque hayas huido de mí, de mi cobardía, que aunque ya no me quieras, no me ames, que aunque hayan pasado muchas cosas, aún sigo aquí. Así mismo como me dejaste. Con un escritorio lleno de historias de amor sin terminar, con una piel que necesita tus caricias, unas sábanas que extrañan tu aroma y unas lágrimas que precisan de tus abrazos, de tus sonrisas, de tu consuelo... Creo que no hace falta decir más, ya te imaginas cómo es, no? como esas mujeres de mis novelas, esas con penas de amor, esas que para ti eran tan cursis, esas que yo te decía que sólo necesitaban amor, que lo encontrarían al final, que los finales eran siempre felices, que no seas impaciente. Esta vez no sé si la historia podrá tener un feliz desenlace. Esta vez soy yo quien necesita amor.. tu amor, ese que tuve y que se fue, ese que decidiste llevarte bien lejos.

Te extraño sabes? Sé que que no te gustan las disculpas, que piensas que con disculpas no se consigue nada, que las cosas no cambiarán, que ni la lluvia más grande ni los vientos más fuertes podrán borrar lo que ya sucedió. Por eso no te pido perdón, te pido que simplemente regreses, con tu amor, con nuestro amor.. que mi soledad los extraña.

Recuerdo que siempre me decías que la vida no es como mis novelas que si no me gustan puedo borrar y volver a empezar, pero me ha costado mucho entenderlo...

Recuerda que aquí estoy, que te espero. Las llaves están ahí, donde siempre...
... por si algún día decides regresar.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Maximilano Babcocke


Supongo que ya no volverá. Se fue hace más de una semana y digamos que ya no lo espero. No me convenció el amor, no me convenció la necesidad de un compañero. Creo que él se dio cuenta antes de que siquiera pensara en decírselo. Ya no me quedan esperanzas, aunque presiento que comenzaré a extrañarlo. Ya no son frecuentes las tardes en el café de la esquina, no son frecuentes sus manías. Creo que él es irreal. No me gusta lamentar, pero esta vez la espina atravesó mi orgullo. Pero no voy a llamarlo, ya sé que me dirá: dirá que estoy loca, que es una broma, que luego seré yo la que desaparezca. ¡Max no entiende! ...Yo sólo quiero respirar.

En fin, si hay que encontrar culpables en esta historia, la única soy yo. Fui yo quien lo buscó, la que se las arreglaba día tras día buscando una excusa para hablarle, para acercarme a él poco a poco hasta conseguir que todos sus días fuesen míos. Mi abuelo siempre le dijo a mis padres que era una niña caprichosa y malcriada. Hasta ahora no quería creerlo, pero parece ser cierto, pues de pronto me aburrí, él ya no era para mí, su presencia me molestaba, no quería compartir mis noches, así que decidí sacarlo de mis días. En otras palabras, más frívolas quizás, ya había satisfecho mi capricho, y ahora, ahora no lo necesitaba, o al menos eso pensé.

Fue un soleado día de octubre cuando le dije adiós. Esa escena da vueltas una y otra vez por mi cabeza, como una triste película que aunque intente, no puedo borrar. Debe ser porque a veces me arrepiento…

Salimos a caminar como cada tarde de sábado por el parque antes de ir al café, el día era hermoso, la primavera se sentía en la ciudad; árboles floridos, adolescentes enamorados, sonrisas por montón, mas ya no podía seguir mintiéndole, mintiéndome, su mano sobre la mía, y ese silencio de más de 30 minutos, me hacían sentir cada segundo más culpable. Es que Max era tan especial. Ya no podía seguir así, busqué las palabras (que hasta ahora creo que no fueron las mejores), abandoné la tibieza de sus manos y rompí el silencio:

- Max, te quiero demasiado – Le di un cálido abrazo, como hace mucho no lo hacía. Fue lo único que logré decir, más bien usé las palabras como mero pretexto para esconder el silencio.

- Yo también preciosa, no te imaginas cuánto. – cada una de sus palabras complicaban mucho más lo que quería decirle.

- No Max, tú no puedes quererme, no debes, ya no.

Max notó que algo andaba mal, sin embargo no quería admitirlo:

- Pero qué cosas dices, ¿vamos por un café?- dijo con risa nerviosa.

- Esto es en serio Max – y me sinceré como ni siquiera yo pensé hacerlo – sucede que ya no quiero estar contigo, no es que ya no sea como antes, al contrario, te esfuerzas por hacer de cada día algo especial. Es extraño, un día me encantas, pero al siguiente ya no quiero tenerte cerca, me gustaría tener las cosas tan claras como las tienes tú, pero no soy así, y extraño mi vida sin ti, eso es lo que pasa.

- No quería pensar que era cierto – siempre supe que él ya lo sabía todo – está bien, si es eso lo que piensas, supongo que no es mucho lo que puedo hacer. Es todo mi culpa, siempre me dijiste que no querías nada serio y yo, me enamoré, qué imbécil no!?

- No digas eso, simplemente no funcionó.

- Ahora lo mismo da. Adiós entonces, adiós para siempre y disfruta esa vida que tanto extrañas.

Fin de la primaveral tarde. Max se fue muy enojado, triste, o quizás con qué pensamientos, yo me quedé sentada en el parque, aliviada, pero un poco triste, yo lo quería y un adiós para siempre no era lo que estaba en mis planes precisamente. Quizás eso fue lo que más me dolió.

Ayer soñé con sus manos. Él no aparecía, su rostro no se veía, pero yo sentía que eran sus manos las que me tocaban. ¿cómo un hombre puede en sueños hacer sentir única a una mujer?¿Cómo pude yo dejar pasar a Max, si nunca encontré a nadie como él? Y es que acá hay algo más que no me permite ver, y es este estúpido prejuicio acerca de la edad, la juventud y aquellas cosas que uno debería disfrutar, sucede que soy joven, y bueno, Max tiene unos cuantos años más. No me siento triste ahora, pero no quiere decir que mañana no lo esté. Quizás me da miedo encarar una relación seria, aunque estoy segura que no soy la única, ni soy la primera, ni seré la última mujer que lo piense. Los hombres de esta época, son abominables, frívolos, autoritarios, desinteresados. Max es todo lo contrario; una tarde con él puede hacerte olvidar el peor de tus días, una caricia suya en tu pelo puede hacerte sentir la mujer más amada. Pero las mujeres de hoy son desinteresadas también. Si no, mírenme, soy una porquería, sólo trato de disfrutar y no me importa usar, ni si alguien la pasa mal por mi culpa, o si gracias a mi alguien llora. No me molesta la idea de no salvar vidas, o de ser indiferente a sus maldiciones. Yo merezco más de un insulto, por ser tan egoísta creo que merezco la soledad eterna. O peor aún, un compañero que me haga sufrir como yo lo hecho muchas veces.

No puedo dejar de aclarar que soy una mujer difícil, que mis besos no son baratos, pero Max, es Max. No hizo falta comprarme, yo me regalé sola. Lo vi salir de ese bar con unas extrañas ropas, pero muy hermosas. Desde ese día en que le pregunté el nombre, nunca más me podré olvidar de él. Maximiliano Babcocke.

Y allá a lo lejos se va, se fue, el mejor, el fracaso de un amor, el que yo por idiota o por no abrir la boca, dejé pasar, el que seguramente recordaré, como hoy, muchas tardes de sábado.

miércoles, 3 de marzo de 2010

A veces se hace tarde.


- ¿Y?¿Qué es doctor?
- Nada muy sencillo, usted tiene un tumor cerebral.
Fue ese cinco de abril cuando comprobé que los servicios públicos son pésimos. Tengo un tumor y me lo dice como si fuera un resfrío del que sin necesidad de medicamentos sano en un par de días. Dice lo siento y abre la puerta, habían muchos más a quienes atender. Idiota. Insensible. Como si con un "lo siento" el tumor fuese a desaparecer. Nunca había sentido a la muerte tan cerca como desde ese día, desde ese soleado cinco de abril de 2008, ese maldito miércoles donde ya el sol parecía no iluminar mis días y la muerte se percibía en el aire. Y nunca en mis 47 años de vida pensé q cinco letras lo cambiarían todo. Nunca. La muerte solía pasar frente a mí sin que lo notase, sin mayor trascendencia, pero ahora, ahora cuando la sentía venir se apretaba mi pecho, mi corazón se aceleraba, mis manos sudaban y trataba de no hacer mucho ruido y que pasara a mi lado sin notar mi presencia, aunque sabía perfectamente que no podría hacer eso por mucho tiempo, no más de dos años dijo ese sujeto que si me hubiese atendido en su clínica privada me hubiese preparado por lo menos un mes antes de darme la "no tan sencilla" noticia. Ya nada tenía sentido, n a d a. Una guerra, tornado, terremotos, maremotos, accidentes, infartos, fatalidades varias, ya no me asustaban, ¡Sí, ya no me asustan! si no son ustedes, mi tumor me matará. Y las oraciones de la iglesia por un milagro que sane al padre, hijo y tío Javier, las hierbitas de la abuela, el secreto del abuelo ni los últimos medicamentos del mercado hacían que al menos un día consiga sentirme mejor, psicológicamente claro, porque los dolores físicos pueden tardar hasta dos años en aparecer y matarme (olvidé acotar que eso me lo dijo el doctor para consolarme, ¿qué mejor no!?) Las tardes de campo familiares ya no llamaban mi atención, prefería quedarme en casa leyendo el diario, moriría, y miradas de lástima y tratos especiales era lo que menos quería. "Pero queremos regalonearte tío""Amor, aprovechemos nuestro tiempo juntos""Papá, queremos jugar contigo" entre otras fracesillas de esas que se le dicen a los casi muertos como yo eran pan de cada día. Pero no transaba, de esos veinte días en la casa del campo, pasé diecinueve encerrado sin salir al sol, ¿qué sentido tenía si parecía no darme su calor!?, y el día 20 salí con la familia al río, salí porque allí estaría Alberto, mi cuñado, para llevarnos en el auto de regreso a casa. Y así pasaron días, semanas y meses encerrado rechazando cada muestra de cariño (que yo llamo lástima) de cada uno de mis seres queridos. Sin salir, encerrado en mi oscura habitación, comiendo en cama, ni televisión miraba, ¿qué sentido tenía? moriría y lo que pase con el mundo me tenía sin cuidado, ya casi no formaba parte de él. Así fue como pasaron mis días, cuántos no lo sé, el tiempo ya no regía para mí, era siempre todo igual de gris, siempre. El único concepto de tiempo existente en mí era ese de los dos años, dos años en que fui muriendo poco a poco, hasta que morí sin estarlo, pues para mí, desde ese cinco de abril lo estaba, sólo que respiraba, pestañaba y comía, eso me recordaba que seguía vivo, como un estorbo para los demás, pero vivo al fin y al cabo. Ha pasado un año y medio, y a menudo me cuestiono, y porqué no decirlo, me arrepiento de no disfrutar mis últimos días, de no respirar la primavera, de no jugar con mis hijos, de no decirle a mi familia que los amo, de todo lo que mi tumor me quitó las ganas de hacer, de vivir! Pero ahora, 16 de octubre del 2009, ahora que los veo a todos ellos llorando sobre mi tumba, ya no es mucho lo que puedo hacer, ¿verdad?