
- ¿Y?¿Qué es doctor?
- Nada muy sencillo, usted tiene un tumor cerebral.
Fue ese cinco de abril cuando comprobé que los servicios públicos son pésimos. Tengo un tumor y me lo dice como si fuera un resfrío del que sin necesidad de medicamentos sano en un par de días. Dice lo siento y abre la puerta, habían muchos más a quienes atender. Idiota. Insensible. Como si con un "lo siento" el tumor fuese a desaparecer. Nunca había sentido a la muerte tan cerca como desde ese día, desde ese soleado cinco de abril de 2008, ese maldito miércoles donde ya el sol parecía no iluminar mis días y la muerte se percibía en el aire. Y nunca en mis 47 años de vida pensé q cinco letras lo cambiarían todo. Nunca. La muerte solía pasar frente a mí sin que lo notase, sin mayor trascendencia, pero ahora, ahora cuando la sentía venir se apretaba mi pecho, mi corazón se aceleraba, mis manos sudaban y trataba de no hacer mucho ruido y que pasara a mi lado sin notar mi presencia, aunque sabía perfectamente que no podría hacer eso por mucho tiempo, no más de dos años dijo ese sujeto que si me hubiese atendido en su clínica privada me hubiese preparado por lo menos un mes antes de darme la "no tan sencilla" noticia. Ya nada tenía sentido, n a d a. Una guerra, tornado, terremotos, maremotos, accidentes, infartos, fatalidades varias, ya no me asustaban, ¡Sí, ya no me asustan! si no son ustedes, mi tumor me matará. Y las oraciones de la iglesia por un milagro que sane al padre, hijo y tío Javier, las hierbitas de la abuela, el secreto del abuelo ni los últimos medicamentos del mercado hacían que al menos un día consiga sentirme mejor, psicológicamente claro, porque los dolores físicos pueden tardar hasta dos años en aparecer y matarme (olvidé acotar que eso me lo dijo el doctor para consolarme, ¿qué mejor no!?) Las tardes de campo familiares ya no llamaban mi atención, prefería quedarme en casa leyendo el diario, moriría, y miradas de lástima y tratos especiales era lo que menos quería. "Pero queremos regalonearte tío""Amor, aprovechemos nuestro tiempo juntos""Papá, queremos jugar contigo" entre otras fracesillas de esas que se le dicen a los casi muertos como yo eran pan de cada día. Pero no transaba, de esos veinte días en la casa del campo, pasé diecinueve encerrado sin salir al sol, ¿qué sentido tenía si parecía no darme su calor!?, y el día 20 salí con la familia al río, salí porque allí estaría Alberto, mi cuñado, para llevarnos en el auto de regreso a casa. Y así pasaron días, semanas y meses encerrado rechazando cada muestra de cariño (que yo llamo lástima) de cada uno de mis seres queridos. Sin salir, encerrado en mi oscura habitación, comiendo en cama, ni televisión miraba, ¿qué sentido tenía? moriría y lo que pase con el mundo me tenía sin cuidado, ya casi no formaba parte de él. Así fue como pasaron mis días, cuántos no lo sé, el tiempo ya no regía para mí, era siempre todo igual de gris, siempre. El único concepto de tiempo existente en mí era ese de los dos años, dos años en que fui muriendo poco a poco, hasta que morí sin estarlo, pues para mí, desde ese cinco de abril lo estaba, sólo que respiraba, pestañaba y comía, eso me recordaba que seguía vivo, como un estorbo para los demás, pero vivo al fin y al cabo. Ha pasado un año y medio, y a menudo me cuestiono, y porqué no decirlo, me arrepiento de no disfrutar mis últimos días, de no respirar la primavera, de no jugar con mis hijos, de no decirle a mi familia que los amo, de todo lo que mi tumor me quitó las ganas de hacer, de vivir! Pero ahora, 16 de octubre del 2009, ahora que los veo a todos ellos llorando sobre mi tumba, ya no es mucho lo que puedo hacer, ¿verdad?
Qué lúgubre. Pero me produce curiosidad sobre qué más hay en esa parte izquierda de tu cerebro, y si habrán más historias esperando fuera de este blog. De todos modos, me gustó, sobretodo la imagen final de la tumba. Saludos!
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